Cómo trabajo

No te voy a contar mi método.
Te voy a decir qué puedes exigirme.

Todos los despachos prometen lo mismo: cercanía, rigor, compromiso. Son palabras que nadie puede comprobar. Estas cinco sí.

01

Sabrás lo que cuesta antes de empezar

Presupuesto cerrado y por escrito antes de que yo mueva un papel. Si el asunto cambia de alcance, te lo digo y volvemos a hablar del precio. Lo que no va a pasar es que abras una factura y encuentres dentro horas que nadie te contó.

02

Preguntar no te va a costar dinero

Las llamadas y los correos sobre un asunto que ya me has encargado entran en el presupuesto. No llevo el contador puesto. Un cliente que no pregunta por miedo a la factura es un cliente peor informado, y eso siempre acaba saliendo más caro que la llamada.

03

Tendrás noticias mías cada mes, aunque no haya ninguna

Es el compromiso que más cuesta cumplir y el que más se agradece. Un procedimiento puede pasar meses sin moverse, y ese silencio se vive como abandono. Así que cada mes recibes el estado de tu asunto: qué ha ocurrido, qué esperamos y cuándo. Aunque la respuesta sea que seguimos esperando al juzgado. De acordarme se encarga mi sistema, no tu paciencia.

04

Si no estoy, lo sabrás antes

Tu asunto tendrá siempre un responsable con nombre, hoy que el despacho empieza por mí y el día en que seamos más. Habrá jornadas de juicio, de viaje y de vacaciones. Lo que no habrá es un plazo sin atender ni un cliente preguntándose si se han olvidado de él: las ausencias se avisan antes de que ocurran y lo que venza queda cubierto.

05

Te diré que no cuando tenga que decirlo

Aceptar un asunto que no debería aceptar es la manera más rápida de quedar bien hoy y mal dentro de dos años. Prefiero la conversación incómoda del primer día.

El quinto, con nombre y apellidos

Cuándo te voy a
decir que no.

Tres situaciones en las que no vas a salir de aquí con un encargo firmado. Ninguna tiene que ver con lo complicado que sea tu asunto.

Cuando reclamar no compensa

Hay derechos que cuestan más de ejercer que lo que se recupera. Te lo diré con los números encima de la mesa: lo que se puede reclamar, lo que cuesta intentarlo y qué ocurre si sale mal. La decisión seguirá siendo tuya, pero la tomarás sabiendo.

Cuando lo que buscas no es un abogado

A veces quien llega no quiere criterio: quiere que le den la razón, o quiere un resultado que el derecho no da. Puedo acompañarte en un problema difícil. No puedo prometerte un final que no depende de mí.

Cuando lo que decide es el precio

Si estás comparando presupuestos para quedarte con el más bajo, habrá despachos que lo hagan más barato que yo, y no me ofende decírtelo. Mi trabajo no compite ahí. Compite en que dentro de dos años el asunto esté bien cerrado.

Y al revés

Lo que necesito de ti.

  1. 01
    Lo que pasó de verdad, también la parte incómoda.

    Lo que me calles hoy lo va a encontrar la otra parte mañana, y entonces ya no podré trabajar con ello.

  2. 02
    Los documentos, aunque estén desordenados.

    Ordenarlos es mi trabajo. Tenerlos es el tuyo. No hace falta que llegues con una carpeta perfecta.

  3. 03
    Decisiones a tiempo.

    Habrá momentos en los que tendré que preguntarte algo y la respuesta tendrá fecha. En derecho, no decidir también es decidir.

Ninguno de los cinco habla de lo bueno que soy.

Los cinco hablan de lo que puedes comprobar.

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