01Sabrás lo que cuesta antes de empezar
Presupuesto cerrado y por escrito antes de que yo mueva un papel. Si el asunto cambia de alcance, te lo digo y volvemos a hablar del precio. Lo que no va a pasar es que abras una factura y encuentres dentro horas que nadie te contó.
02Preguntar no te va a costar dinero
Las llamadas y los correos sobre un asunto que ya me has encargado entran en el presupuesto. No llevo el contador puesto. Un cliente que no pregunta por miedo a la factura es un cliente peor informado, y eso siempre acaba saliendo más caro que la llamada.
03Tendrás noticias mías cada mes, aunque no haya ninguna
Es el compromiso que más cuesta cumplir y el que más se agradece. Un procedimiento puede pasar meses sin moverse, y ese silencio se vive como abandono. Así que cada mes recibes el estado de tu asunto: qué ha ocurrido, qué esperamos y cuándo. Aunque la respuesta sea que seguimos esperando al juzgado. De acordarme se encarga mi sistema, no tu paciencia.
04Si no estoy, lo sabrás antes
Tu asunto tendrá siempre un responsable con nombre, hoy que el despacho empieza por mí y el día en que seamos más. Habrá jornadas de juicio, de viaje y de vacaciones. Lo que no habrá es un plazo sin atender ni un cliente preguntándose si se han olvidado de él: las ausencias se avisan antes de que ocurran y lo que venza queda cubierto.
05Te diré que no cuando tenga que decirlo
Aceptar un asunto que no debería aceptar es la manera más rápida de quedar bien hoy y mal dentro de dos años. Prefiero la conversación incómoda del primer día.