Cada domingo · 2 min de lectura

Antes
de firmar.

Una lectura breve para personas que saben que las decisiones importantes no siempre avisan.

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No noticias jurídicas.
Criterio para decidir.

Una idea. Un riesgo que suele pasar desapercibido. Una pregunta que conviene hacerse antes de que la respuesta cueste más.

“La cláusula más cara suele ser la que parecía estándar.”

Abajo tienes la edición 00 entera. Léela antes de dejarme tu correo.

Edición 00

El despacho que monté
con cinco socios ya no existe.

Y el error no fue tener socios.

Empiezo por donde toca.

El despacho que monté en Burgos con otros cinco socios está en liquidación. Si eres cliente de la casa, probablemente ya lo sabías, o te lo habrán contado. Prefiero contártelo yo.

No voy a hablar mal de nadie. No hay villanos en esta historia. Hay seis personas que querían cosas distintas y tardaron demasiado en decírselo.

Lo que sí voy a contarte es la parte que me toca, porque es la única que puede servirte de algo.

Cuando montamos aquello hicimos lo que hace todo el mundo: firmamos un pacto de socios. Lo redactamos entre abogados. Con cuidado. Con buena letra.

Y estaba bien.

Estaba muy bien escrito para lo que se puede escribir: quién pone qué, quién decide, cómo se reparte.

Un pacto de socios regula el dinero, los votos y las participaciones. Lo que no regula —porque nadie sabe cómo hacerlo— es por qué está cada uno ahí.

Y ese es el dato que lo decide todo.

El primer día todos decimos lo mismo. Crecer, hacer las cosas bien, trabajar a gusto. Son frases que no significan nada hasta que llega el momento de pagarlas: cuando crecer implica trabajar más y a uno ya no le compensa; cuando hacer las cosas bien pasa por una conversación incómoda que nadie quiere tener; cuando trabajar por el bien común exige ceder protagonismo y no todos están dispuestos a cederlo.

Ahí se ve para qué había venido cada uno. Y rara vez coincide con lo que se dijo al principio.

Nadie mintió. Nadie preguntó en voz alta si estábamos allí por lo mismo.

Y esa es la parte que me toca. No la de haber elegido mal a nadie: la de haber visto llegar esa conversación y haberla ido aplazando, un trimestre detrás de otro, pensando que aquello se arreglaría solo.

Llevo media vida diciéndoles a mis clientes que esa conversación se tiene a tiempo. En mi propio despacho la tuve tarde.

Nadie me engañó. Lo firmé yo.

Así que si tienes socios, o estás a punto de tenerlos, hazte estas tres preguntas esta semana. Cuestan diez minutos y pueden ahorrarte dos años.

  1. Si mañana uno quiere salir, ¿está escrito cómo se calcula lo que se lleva? ¿Y quién lo calcula, si no os ponéis de acuerdo?
  2. Si os bloqueáis en una decisión, ¿el documento desempata, o os manda a un juzgado?
  3. Los clientes: ¿de quién son cuando alguien se va?

Si alguna de las tres no la puedes responder mirando el papel, ya sabes cuál va a doler.

Y hay una cuarta que ningún documento responde, así que tendrás que hacerla tú, en voz alta y mirando a la cara:

¿Por qué está aquí cada uno? No lo que dijimos el primer día. Por qué seguimos.

Te cuento cómo sigo yo, porque va en la misma dirección.

Estoy montando un despacho otra vez. Hoy empieza por mí, y no va a quedarse así: vendrá más gente. La diferencia con la vez anterior no es el tamaño. Es el orden.

Entonces montamos la estructura y dimos por supuesto lo demás. Ahora lo primero que está escrito es lo que no se negocia: cómo se le responde a un cliente, qué se le cuenta el día que la noticia es mala, qué asuntos no se aceptan aunque paguen bien. Quien venga, vendrá a eso. Las personas se eligen por lo que comparten, no por lo que suman.

Un despacho no es un grupo de abogados que comparten gastos. O es un acuerdo sobre cómo se trabaja, o es una cuenta corriente con membrete.

Si ahora mismo estás a punto de firmar algo, o ya lo firmaste y llevas semanas con ello dando vueltas en la cabeza, cuéntamelo en dos líneas.

Lo leo yo. En 48 horas te digo si tienes un problema, cuál sería el primer paso y lo que costaría darlo. Sin coste.

Cuéntame qué tienes entre manos

Jorge García Bustamante
Abogado · Colegiado 2602 del Ilustre Colegio de la Abogacía de Burgos

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